
Las prioridades infantiles prevalecían por aquel entonces a cualquier percance o situación violenta que pudiera sucederse, por ello, en la mente todo se quedó grabado como una película de aventuras, donde los desaires personales eran tonterías de mayores que se veían tan simples, escuajosas...
Aquel día debió ser de cambio de viento. Supongo que paró el poniente para dar paso al levante y por eso aquella calor, aquella noche espléndida y estrellada aun a comienzos de septiembre.
Olía a feria. A caballos, arena, fino y perfumes que emanaban los cuerpos sudorosos. Después de una noche completa y feliz, nos "recogemos que mañana hay que trabahá". La boca de mi madre abierta en una gran sonrisa. Y la cintura bordeada por el brazo de mi padre. Yo les miraba de soslayo y me reía.
De repente, una sarta de improperios me hicieron girar a la izquierda. Bastarda, hija de la gran...Allí, en la esquina de un puesto cerrado de apuestas de camellos se alzaba un hombre, un gigante soez y torpe que atropellaba y aturullaba a una mujer de unos treinta años, morena, con la boca casi tan bonita como la de mi madre, pero menos sonriente. La sujetaba de las muñecas tan fuerte que yo imaginaba su pulso, su sangre bombeante por las venas exaltadas de sus brazos. Cómo se puede sé tan zorra y humillarme; lo que quiere e amargarme la noshe, no? Escupía, maldecía y alzaba más y más la voz. Su cabeza de gallo erguida, atraía todas las miradas y él se enaltecía, se hacía más macho y más hombre cuanto menos mujer y persona se sentía ella, que era ya casi una madeja rota de lágrimas y ayes, una sombra en el suelo sujeta por un brazo avasallador. Y cuando vi que llegaba el golpe final, la mano alzada cortando el aire opresor haciendo sombra en los labios temblorosos de esa mujer, mi padre me retiró de la escena. Me agarró y susurró: vamos, no mires, sigue palante. Claro, él lo hizo en su afán protector, sin pensar en la trascendencia de sus palabras.
Para ser honesta, no sé si esto que cuento sucedió en realidad o no. Puede que no pasara nunca en mi infancia. O puede que pasara tantas veces... Si que sucedió hace dos días, en la feria de Málaga, sólo que él podría tener unos veintipocos años y ella era rubia. Pero al igual que antaño seguimos sin mirar, girando la cara ante la violencia, "seguir palante quedándonos atrás, siempre nosotras".
Acaso la normalidad del hecho hagan incluso mediocre este texto. Así de cruel es la historia.